Cuando puedas nos hablas del castillo de ARNEDO.
--El origen de esta fortaleza es indudablemente musulmán como lo atestiguan su tipología y algunas crónicas árabes que citan el castillo entre las defensas más fuertes frente a los cristianos.
Durante el siglo IX perteneció a la familia muladí de los Banu Qasi. Cuyo miembro más destacado fue Muza Ibn Muza, señor de Amedo. Se cuenta que en una ocasión tuvo que refugiarse en este castillo ante el empuje de las tropas del Emir de Córdoba que combatían su rebeldía.
En el siglo X sufrió las vicisitudes propias de una lucha fronteriza entre cristianos y musulmanes y tan pronto se encontraba en manos de unos como de otros. Así, sabemos que en 932 Muhamunad ibn Hasín entrega a Abderramen III el castillo de Arnedo, mientras en 958 figura como teniente pamplonés Velasco Lihurt. A lo largo del siglo XI su tenencia parece vinculada a la familia de los Fortuniones: Fortún Oxoiz (quien en 1040 firma la escritura de arras de la reina Estefanía y sus hijos); Enneco Fortuniones (1044-1050 y 1072-1075); Lope Fortuniones (1062); Eximino Fortuniones (1080-1088) y el nieto Enneco Semenones (1097).
-Casi siempre esta familia está unida a las de Cameros, Metria y tubera, pero no a la de Viguera, que tuvo también el abuelo, y que a partir de mediados de siglo, suele estar en las mismas manos que Ocón y Calahorra.
En los tiempos de Alfonso el Batallador se suceden varios tenientes (Sancho Aznaez, Alfonsus, Lope lohannes), entre ellos el alférez real Fortún Sánchez (hacia 1128-1129), señal de que es una plaza bastante importante en la estructura del reino, pero tal importancia parece decaer desde los tiempos de Alfonso VII. Los tenientes (Gutiérrez Fernández, Gómez González, Diego Ximénez, Guillen González) son los mismos de Calahorra y, a veces, también los subtenientes y alcaides del castillo (Martín Fernández, Pedro Frolaz, Garsia Zapata, Semen Zapata, Gonzalo Copelin, don Lope de Castroviejo).
-Arnedo es una de las plazas dadas en arras en 1170 a la futura reina Leonor. En 1176, en el pacto hecho con el rey de Navarra, Alfonso VIII pone en fieldad como garantía los castillos de cristianos y judíos de Arnedo que tendrá Diego Ximénez, prestando homenaje al rey navarro. En 1198, en el tratado firmado por Pedro II de Aragón, sobre reparto del reino de Navarra, el castillo de Arnedo, con los de Autol, Aguilar y Cervera, quedaría en fidelidad en manos de Guillelmo González, que haría vasallaje al rey de Aragón.
En 1255 era señor de Arnedo Diego Martínez. En 1256, Alfonso X, para mantener la seguridad del Pacto de Soria, concedió a Jaime I de Aragón el castillo de Arnedo y otros cuatro más. Más tarde, en 1262, éste los entregaba a Alonso López de Haro y finalmente, por intervención del príncipe Sancho, volvería Arnedo a la corona de Castilla.
En 1369 Enrique II donó la villa de Arnedo a Bertrán Duglesclín, quien lo permutó por los arrabales de Soria y dos mil doblas a Pedro Fernández de Velasco. En 1426, Pedro de Velasco, camarero mayor de Juan II, otorgó al Monasterio de Valvanera dinero de sus rentas de Arnedo a cambio de misas y otros servicios. Otro descendiente, llamado también Pedro, Condestable de Castilla instituyó con la villa y fortaleza, aldeas y vasallos un mayorazgo para su hijo Sancho, en 1458.
Los Velasco mantuvieron la custodia del castillo y velaron por su conservación, mientras el pueblo estaba obligado al pago de diversos tributos de los que fueron liberados por el propio Sancho en 1512, a cambio de una cantidad de 200.000 maravedís. Hacia 1575 era alcaide de la fortaleza Rui Díaz de Fuenmayor.
-Según Madoz, en 1857 fue reparado el castillo con motivo de la guerra carlista. Fernández de Bobadilla considera que fue una verdadera reconstrucción en la que se establecieron los dos niveles de patios empedrados, levantando en el oriental una casa-cuartel, se limpió el aljibe del patio occidental, se reparó la torre del N. (¿ poligonal del N-W. ?) y se realizó el lienzo del E. y S., situando aspilleras y garitas en el W. Al parecer, reconstruyeron la galería que ascendía por el W. al cerro. Los vestigios de esta reforma se observan en las zonas con fábrica de manipostería escasamente trabada: barrera exterior al W., torre N-W. y sus aspilleras, muros W. y S. de la torre del homenaje y diversas reparaciones en el resto de los lienzos.









Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 
