
Saludos cordialísimos a todos. Es para mí un enorme placer presentaros mi último castillo. Puede decirse que de mis grandes construcciones es esta la que menos tiempo he tardado en hacer: apenas tres años. Y aclararé, para quienes no me conozcan, que tan dilatado tiempo de construcción se debe a que salvo en raras ocasiones, sólo puedo dedicarle una tarde a la semana a mi pasatiempo favorito.
No por invertir menos tiempo, los esfuerzos han sido menores. Como suele ser habitual en mis grandes construcciones, han sido numerosísimas las reformas y contrareformas que han sufrido determinadas partes de mi castillo. Pocas veces el convencimiento, y las más de las veces, la desesperación, ha evitado que esta vorágine de reformas prosiga “ad infinítum”. Y eso que, siguiendo los consejos de los grandes maestros de este foro, en esta ocasión hice unos bocetos para que me sirvieran de guía. Vano empeño, pues vosotros mismos podréis observar el parecido de mis bocetos iniciales con las fotos que os mostraré a continuación.
Puede que alguno de vosotros estéis deseando que me deje de tanto palique, y pase a lo sustancioso de este reportaje. Dejadme deciros, no obstante, que libres sois de ir directos a la parte ilustrada de este reportaje y contemplar a vuestro propio riesgo y ventura el fruto de mi mente descarriada, pero que es mi humilde deseo compartir con vosotros comentarios y anécdotas que espero os resulten tan didácticos como divertidos y que todo ello lo hago con el máximo rigor histórico y la mejor de mis intenciones.
Dicho todo lo cual, en este punto doy comienzo a la azarosa historia de
The Legendary Cola Castle
The Legendary Cola Castle: la leyenda.
Testimonio he dado varias veces en este mismo foro de mi incontinencia verbal así como de otras tantas virtudes en nada honrosas para mi persona. Digo esto por delante para tratar de justificar el nombre escogido para mi castillo. No se trata, al menos en esta ocasión, de un alarde de conocimientos lingüísticos ni tampoco, válgame Dios, de hacer creer a nadie que mi castillo será a partir de hoy una leyenda entre los insignes camaradas de este foro. De lo primero he de confesar que mis conocimientos son puro rudimento, de lo segundo baste decir que soy plenamente consciente de la efímera notoriedad de la que gozará mi castillo, pues afortunadamente existe tanto talento por estos lares que ninguna construcción puede acaparar por mucho tiempo la permanente admiración de nuestra comunidad: tantas son y de tantísima calidad las construcciones publicadas y las que a buen seguro seguirán apareciendo.
Así pues, queda aún por explicar de dónde le viene el extraño nombre que a última hora decidí dar a mi castillo. Seré breve
La sucesión de conversaciones entrecruzadas, ora absurdas y precipitadas, ora profundas y bien hilvanadas, todo ello aderezado con buenas dosis de vino de excelente añada, proporcionó a los concurrentes una reconfortante sensación de identidad grupal que mutatis mutandis me recordó aquellos clanes cavernícolas danzando alrededor de la hoguera chamánica hasta lograr la fusión de sus espíritus con el honorado totem de la tribu.
Las horas pasaban, pero no las ganas de prolongar estos momentos de profunda fraternidad, así que a un almuerzo excelente siguió un cafeteo-copeo igual de gratificante en donde se decidió, por unanimidad de quienes aún no estábamos del todo inconscientes, acudir a un concierto en directo que ofrecían en la capital. Naturalmente estas excelentes ideas serían imposibles de poner en práctica sin el beneplácito de las partes contratantes, que por esta vez se mostraron partidarias del proyecto sin apenas objeciones (creo recordar...).
El concierto se ofrecía gratuitamente en un pub capitalino cuyo nombre no recuerdo, y el grupo que actuaba era un cuarteto, todos ellos maestros de música de profesión, que a pesar de su poca experiencia en este tipo de eventos (según explicaron ellos mismos), ofrecieron un más que digno espectáculo, interpretando durante más de dos horas temas clásicos de rock.
La verdad es que la jornada estaba saliendo a pedir de boca. Estaba en buena compañía, oyendo buena música y tenía una rubia en la mano... Maho 5 estrellas, para ser exactos. Desde mi taburete, sentado al lado de la barra, observaba con todo detalle las evoluciones del grupo roquero y el incesante movimiento del público asistente. De mis amigos no podría decir que fueran ellos los danzarines más coordinados que en pub hubiese, pero sin duda compensaban su quietismo con movimientos tan enérgicos del cuello que llegué a temer la posibilidad de que alguno se descoyuntara en cualquier momento.
Avanzaba la noche, pero el ritmo frenético de los músicos no decaía. Cada vez parecía haber más gente y cada vez parecía ser más elevado el sonido atronador que despedían los bafles. Mis amigos andaban perdidos en aquel tumulto, pasándolo a lo grande. Ahora interpretaban Money for nothing y lo cierto es que a mi me parecía estar viendo al mismísimo Mark Knopfler subido a aquel improvisado escenario. Obervé mi mano y al verla vacía se me antojó un objeto extraño e inútil, por lo que decidí volverme para pedir un nuevo vidrio que sostener. Para mi sorpresa no estaba el camarero que durante toda la noche me había estado sirviendo, sino una mujer joven que con profesional presteza se afanaba en complacer a todos los que solicitan una nueva consumición.
He aquí, amigos, la mujer culpable que antes os referí. Cuántas veces ha sido un rostro angelical como aquel la verdadera razón que ha cambiado para siempre el destino de toda la humanidad. Desde el instante en que la vi fui incapaz de columbrar qué podría acontecer con mi vida, pero tenía la certidumbre absoluta que ya nada volvería a ser lo mismo. ¿Acaso hay fuerza humana capaz de enfrentarse al poder desatado de las entrañas de la Tierra? Pues en similar desventaja me vi yo apenas contemplé la gracia inefable de aquella mujer. Atraído cual pedrusco cósmico al pozo gravitacional de aquella estrella rutilante, comenzaron a devorarme brasas exterminadoras en mi caída fatal. Tan insignificante me sentía, tan invisible en mitad de tanta gente que no acierto a comprender por qué razón aquel ángel avanzó decidida hacia mí con insospechado propósito .
Inmóvil como una estatua de bronce, de esas que ponen en los parques, verdes de óxido y llenas de cagadas de palomas, así quedé yo de petrificado y patético al ser consciente de la escasa distancia que me separaba de aquella intachable beldad. Vi sus labios moverse, pero me fue imposible comprenderla. De manera inesperada ella se acercó más a mí. Noté el cálido aliento de su voz en mi mejilla. Aquella proximidad me erizó cada cada folículo piloso de mi piel en un escalofrío brutal. Se apartó expectante. Esperaba algo de mí, pero qué decir o hacer bajo los efectos del morrocotudo marasmo en el que me encontraba.
Sentí golpes en mi costillar, en la nuca, me vi zarandeado de un lado a otro con tanta violencia que casi caigo del taburete donde estaba sentado. La luz penetró en la inmensa caverna donde reposan exánimes las escasas neuronas que aún me quedan. Comprendí que volvía a estar rodeado de mis amigos y amigas, parte contratante incluida. Se habían sentido preocupados al verme tanto tiempo allí parado y, cosa admirable, habían acudido todos a la vez a interesarse por mí. Lleno de gratitud reí sus bromas sobre mi estado, justificando torpemente que no estaba tan mal. En mi sincero deseo por corresponder invité a todos a una ronda, que todos aceptaron de buena gana. Me volví para hacer la comanda y allí estaba todavía la camarera a la que observé atónito como si la acabara de descubrir. ¿Cómo era posible que mis amigos me hubieran hecho olvidar su presencia?
La camarera seguía esperando, pero... no era la misma. Tenía el pelo largo eso sí, pero sus fuertes y musculosos brazos tatuados, la barba de tres días y los piercings en orejas, labios y nariz no se correspondían con el recuerdo recentísimo que tenía de ella. ¿Qué diabólica transmutación había sido aquella? Viendo que se impacientaba ante mi desconcierto, atiné a pedir varias cervezas y unas copas de ron cacique. El camarero me dijo con fuerte voz que Cacique no servían, que si me daba igual Legendario. Yo dije que sí mientras buscaba con desesperación, a un lado y otro del interior de la barra, el ser celestial que momentos antes había tenido la dicha de contemplar. Cesé mi búsqueda infructuosa cuando aquel fortote mozuelo regresó con las bebidas y me dijo la dolorosa cantidad que le debía.
Como no tenía efectivo busqué la tarjeta de débito y la cédula de identidad para abonar las consumiciones. Tal era aún mi desconcierto que no atinaba a encontrar mi DNI, así que comencé a sacar atropelladamente toda la documentación que tenía en el bolso. Por no hacer esperar más al susodicho camarero, cuya paciencia parecía a punto de agotarse, le entregué, junto a la tarjeta de débito, el primer documento en donde se indicaba mi nombre. Cuando el camarero vio mi carnet de la Asociación Española de Exin Castillos & Exinwest, socio nº 5, se me quedó mirando con una expresión que parecía querer decir: esto qué es lo que es. Todos mis amigos vieron también mi carnet, lo cual les pareció tremendamente hilarante. Comenzaron a preguntarme que número de socio era yo, para a continuación dedicarme rimas procaces, aumentando aún más el buen humor reinante. Menos mal que el camarero no quiso esperar más y se aprestó a darme el datáfono para ordenar la transferencia.
Como ya imaginaréis el nombre The Legendary Cola Castle lo idearon mis ocurrentes amigos, a quienes traté de explicar lo difícil de este arte y lo mucho que me había esforzado en mi última construcción. Todo en balde, pues aunque son muchas sus virtudes, nunca supieron apreciar mi pasión por este juguete. El concierto llegó a su fin. Los cuerpos duramente castigados necesitaban el merecido reposo del guerrero, por lo que poco después decidimos regresar a nuestros hogares.
El vehículo conducido por mi mujer, voluntariamente abstemia para estas ocasiones, avanzaba con suavidad. La pandilla seguía de buen humor repitiendo anécdotas y enviando whats-ups a los ocupantes del otro vehículo. Mientras tanto, yo observaba en silencio el oscuro horizonte salpicado de luces. Aún trataba de explicarme la súbita aparición y... desaparición de la supuesta camarera del pub. ¿Sueño o realidad? ¿Acaso importa? Lo único que lamento, como Adso cuando se alejaba de las ruinas calcinadas de la Abadía, es que de aquella mujer que en cierto modo bautizó a mi último castillo, de aquella mujer, digo, nunca supe, ni sabré su nombre....

Vistas frontales
Ejem. Aclarado ya el origen del nombre de mi castillo ya va siendo hora de mostraros alguna foteja. Una cosa: para entendernos, llamo “castillo” a la construcción realizada en la parte más alta del roquedo; llamo “rampa de acceso” o “coracha” a la construcción que sirve de acceso al castillo.



Aquí tenéis la primera tanda de fotos desde distintos ángulos y con iluminaciones diferentes. A pesar de que los bocetos no se parecen mucho al castillo que finalmente he hecho, sí es cierto que algo no ha variado: el roquedo que sirve de base al castillo y a la rampa de acceso. Verdaderamente, lo que quería hacer era un castillo encima de un acantilado. Al principio imaginé una fortaleza solitaria y empequeñecida por el tamaño del peñasco en donde estaba encaramada. Luego, para darle una vía de comunicación con el exterior, pensé en una sencilla rampa ascendente flanqueada por murallas (la coracha) y finalmente acabó como lo estáis viendo.
De esta serie de fotos os comento la segunda. En ella se aprecia mi esfuerzo por ofrecer la sensación de que es el terreno el que da forma al castillo. De ahí esa muralla sinuosa y la distinta anchura en el interior de la coracha. Igualmente, para destacar la diferencia entre murallas y suelo, utilicé esas piezas verdosillas de PDJ (no sé si se aprecia bien en las fotos). Esa idea sólo la puse en práctica en la rampa de acceso, ya que no tenía piezas suficientes para el resto del roquedo. Lo suyo, qué duda cabe, hubiera sido utilizar piezas mucho más oscuras, como las que habéis utilizado vosotros en algunas de vuestras construcciones. No lo hice porque apenas tengo piezas de ese tipo.
Vista detalle del Castillo:

Aquí vemos un poco más de cerca la parte frontal del Castillo. No sé si hubiese quedado mejor con un tejado al estilo de los de Joaquin (Capitán Trueno), pero me parecía una inversión muy costosa en dinero y tiempo y, la verdad, ya tenía ganas de acabar. Obsérvese que esa proliferación de banderitas en la parte más alta, además de adornar, también trata compensar con elementos verticales la monotonía de un tejado que como veis es totalmente plano.
La Coracha o Rampa de Acceso


He aquí la parte de mi castillo que más me gusta. Me salió “del tirón”, a pesar de que técnicamente es la parte más complicada. Como podéis ver en la foto cenital, tiene una planta irregular con espacios interiores de distintas anchuras. Los muros están construidos en ángulos abiertos que encajan a base de forzar al máximo la flexibilidad de las piezas. La rampa asciende paulatinamente desde ras de suelo hasta unos 10 cms de alto, adaptándose a unos espacios completamente irregulares. Tanto forzar los muros ha hecho que se creen fisuras y grietas que en algunos casos he disimulado con piezas planas y plastilina, y en otros los he dejado tal cual. Mención aparte son los caminillos laterales. En un principio no tenía pensado hacerlos. Luego me gustó la idea e incluso modifiqué el roquedo para colocar escaleras, antorchas y banderitas. Los numerosos huecos que había en el suelo las tapé con plastilina (mezcla de blanco, marrón y azul). El bricoexin en esta zona (y en todo el castillo en general) ha sido muy escaso y os será fácil reconocer las piezas retocadas.



Las tres primeras fotos de esta serie son distintas perspectiva de la Torre de la Coracha. Dicha torre tiene una terraza irregular cuyos huecos tapé con plastilina, ya que en este lugar las piezas planas no daban buen resultado. También se ven trozos de cartón para tapar los huecos de las torres semicirculares. Sé que a algunos no os gusta el efecto que causa. A ver si en una próxima ocasión los pinto o le doy una solución distinta.
Las fotos cuarta y quinta son vistas cenitales donde se aprecian las distintas alturas de las terrazas, los adarves de ambos lados y un puente que comunica ambas lados de la muralla y que está muy bien situado para controlar a quienes traspasasen la puerta de entrada. Este puente también tiene otra función: sirve para dar un punto de apoyo a los muros en la parte más ancha de la rampa. Con esto se evita que los muros se muevan o se deformen, ya que la forma irregular del recinto impide que los muros de unan de forma natural.
En el resto de fotos se puede apreciar la curvatura de la rampa, una especie de garitas con dos ventanas de tres puntos (del par de ventanas, una de ellas es un ladrillo 2x1 modificado) y las puertas de acceso. Por cierto, en la foto de la puerta enrejada se ve una de esas fisuras que antes comenté. A última hora me he puesto a remediar este asunto lo mejor que he podido. La diferencia entre el antes y el después puede apreciarse comparando las fotos 2 y 3.
Lateral derecho



Este sería el lateral derecho de mi castillo. Su aspecto mejoró un poco después de realizar varias modificaciones, sobre todo en la zona del puente. De todos modos, me hubiera gustado que los muros fueran menos lineales, como en el lado izquierdo.
Puente y Torre Sureste


En el extremo del lado derecho se encuentra la Torre Sureste. Esta torre sufrió varias reformas hasta lograr su acabado final. Su primera versión podéis verla en el hilo “Cómo se hizo TLCC”. Tuve que modificarla porque no me gustaba cómo quedaba en la parte trasera. En mi anterior gran castillo “Patientia Filius II” también había una torre en idéntica posición: la Torre de la Dama. Aquella era más imponente y grande. La Torre Sureste es más difícil técnicamente, pero es cierto que no es tan llamativa.
Además de la torre pueden verse detalles del puente que une la coracha y el castillo. Seguro que no os ha pasado por alto el curioso recorrido que deberían hacer unos supuestos visitantes si quisieran llegar hasta el fondo del castillo. Veamos: después de atravesar la amplia zona de la rampa de acceso, deberían entrar en la Torre de la Coracha y subir por su interior hasta la explanada del puente. Aquí podrían separarse un poco y tomar el aire, pues el puente sí que hay espacio de sobra. Para continuar deberían ponerse en fila india y pasar por la estrecha puerta que da acceso al castillo. Esta puerta, que es el único acceso al castillo, está situada en la parte superior de los muros, por lo que los visitantes deberían buscar la entrada de alguna torre de las que hay en el adarve para poder descender hasta el Patio de Armas.
La verdad es que no tiene mucha lógica. Lo más normal hubiese sido hacer una entrada más grande, acorde por la importancia del recinto, y situarla a ras de suelo. Pero, oye, que tampoco le digo yo a nadie dónde tiene que colocar la puerta de su casa… allá cada cual ¿no? Además, podemos imaginar que los antiguos habitantes de este castillo eran gente muy muy tímida y no salían nunca del recinto amurallado, por lo que las minúsculas puertas de acceso sólo se utilizarían para que “el niño de los mandaos” pudiera entrar y salir….
Parte Trasera


Aquí podéis ver la Fachada Trasera así como el boceto original, cuyo parecido es bastante remoto. Al quedarme sin espacio tuve construir en vertical. El resultado, lo estáis viendo, es un muro de piezas de altura pareja y muy poca profundidad. Otro gallo hubiera cantado de tener un metro más para edificar a mi gusto, pero no pudo ser. A lo máximo que llegué es a agregar un listón de unos 10 centímetros de ancho para que el edificio central de la parte trasera pudiera sobresalir un poco.
Tal vez os llame la atención esa especie de balconada con un tejadillo marrón. Admito que es difícil de justificar una brecha decorativa como esta en un muro vertical que apenas tiene aberturas, quitando las situadas en el tercio superior. La idea no es nueva, pues ya en el boceto inicial había pensado algo así. De mi primer proyecto de balcón no tengo fotos (aún no me explico cómo puedo haberlas extraviado). Dicho balcón se parecía bastante al del boceto, pero la escala en la que lo hice no se correspondía con el resto de la construcción, por lo que finalmente decidí modificar no sólo la balconada sino todo el castillo. Lo que se ve en la actualidad es en realidad un intento por dar un poco de color a esta parte (con los tejados marrones) y también una “argucia” por reducir la altura aparente del edificio central. Sin el balcón se notaría mucho que esta parte es más alta que el roquedo donde se asienta y ese efecto no me gustaba.
Las esquinas redondeadas del tejadillo son de fabricación casera, cosa harto evidente, por otra parte. No sé si os gustará cómo ha quedado. Yo no sé qué pensar.
La última foto es la de la entrada (y salida) secreta del castillo. Está situada en una de las entradas que hace el acantilado, en su misma base, obviamente. Teniendo en cuenta el complicado acceso al castillo, construir una entrada secreta era lo mínimo que podía hacer para tranquilizar a su habitantes en caso de que tuvieran que salir por patas.
Lado izquierdo


Otras cuantas fotos más, esta vez de la esquina trasera izquierda. Es castillo por este lado no aporta ningún elemento novedoso, pues es una mera continuación de la fachada trasera. No siempre fue así, y buena muestra de ello está en el hilo ya referido sobre las reformas más importantes de este castillo, al cual os remito.
En las dos últimas fotos vemos la impronta de dos gamberretes conocidos de todos vosotros. Un abrazo muy fuerte, Roni y Capitán…
Patio de Armas


El Patio de Armas está en el interior del Castillo. De esta zona han salido algunas fotos bastante interesantes. Creo que se explican por sí solas. Tan sólo voy a comentaros las dos últimas fotos, en las que se ve una puerta con rejilla. Esto es todo lo que queda de la anterior entrada al castillo. Antes había en este espacio una torre de forma irregular en cuya base había colocado dos puertas de rejilla, una interior y otra exterior, decoradas con arcos y columnas. En aquella versión la entrada al castillo se hacía a ras de suelo, ya que el puente que comunicaba ambos lados del acantilado era mucho más bajo. En mi opinión era el modo más lógico de plantear el acceso al Castillo, sin embargo decidí modificarlo con el resultado que ya conocéis.
Caminillos laterales


Ánimo, ya quedan pocas fotos. Estas que veis ahora son las de los caminos laterales. No eran fáciles de hacer por el poco ángulo que tenía, pero ahí tenéis las que mejor han salido
Las dos últimas fotos son el antes y el después de un tramo del caminillo lateral derecho. Puede observarse los grandes huecos que había entre las piezas. Para darle mejor aspecto decidí rellenarlos de plastilina. También puede apreciarse en estas fotos una de las chapas de metal que he utilizado para añadir un trozo de tabla y ampliar así su longitud total. En la mayoría de las fotos esta chapa la he borrado para que no moleste a la vista.
Fotos cenitales

Y por último tres fotos más, hechas desde arriba.
Bonus Extra
Para terminar os muestro un par de fotos del dicharachero reportero que ha ido ilustrado y comentando este hilo, junto a una prueba que hice con caperuzas rojas. Como siempre espero haberos entretenido y si, además, os ha gustado mi castillo, pues tanto mejor. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos.


Nota: ¡No se vayan amigos, aún hay más!. En breve estará publicado el hilo “Como se hizo The Legendary Cola Castle". Un completo reportaje de las reformas más importantes de mi castillo con muchas fotos y sorprendentes sorpresas (valga la redundancia). Todo ello, como siempre, aderezado con la prosa salerosa de vuestro más humilde servidor. Nos vemos...
Roquetas de Mar
25 Julio 2013





Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 




