Ayer me decidí a subir a las torres, no había estado arriba desde... no se... los 16 o 18 años... Puede que haga de esto 35 años.
Intenté quedar con Burjaeloy para compartir la experiencia pero tenía otras obligaciones. Mejor, así no vio mi ataque de vértigo al subir esas estrechas y empinadas escalinatas apenas protegidas por unos alambres que te alcanzan a la rodilla
Cuando llegas a las torres por la parte delantera lo primero que llama la atención es el foso. Solo queda una pequeña parte que rodea las dos torres y pasa por debajo de un puente de piedra que da acceso a las puertas y a la ciudad. Probablemente en otros tiempos hubo ahí un puente levadizo, pero de ser así no quedan vestigios de ello.
Recuerdo cuando era niño de asomarme al foso y ver que no era más que un vertedero. La gente arrojaba basura que el ayuntamiento no se molesta en recoger. Por suerte ahora ha cambiado la mentalidad de unos y otros y se mantiene limpio.
La tendencia popular cuando llegas a las torres es pasar por abajo, por la puerta. Cuando llegaba esta mañana, un grupo de guiris hacía precisamente eso, y les seguí fijándome en los detalles que me interesaban (no, no he hecho fotos de ningún culete, malpensados
El siguiente paso, si quieres subir y disfrutar tanto del interior de las torres, como de las magníficas vistas que hay desde ahí, como del buenísimo sol de Valencia, es "retratarse" en taquilla. Dos eurelios por cabeza tienen la culpa (los hombres, aunque bicéfalos, solo pagamos por una cabeza
Hace años, muchos años, en esa sala y la homóloga de la otra torre pusieron ahí el museo marítimo, pero ahora no hay nada y una de las salas permanece cerrada.
Por fin toca entrar. Al ver la larga escalinata casi se me van las ganas, pero para animarme a subir pensé: "Tranquilo, Juanjo, dentro hay más escaleras..."
Tras unos altos en el camino, para tomar aire y fotos, accedemos al interior por la puerta de "nosequé". Vamos, la puerta de entrada, que para eso son las puertas
Me dirijo a la puerta izquierda y entro en la primera sala de la torre. Allí solo hay cuatro nichos para vigilar y arrojar flechas, las saeteras. De hecho, son unas ranuras tan estrechas que no cabe mucho más que una flecha normal. A la izquierda un gran balcón permite ver la ciudad aunque no está a mucha altura. y sobre la puerta que acabo de cruzar hay una escalera que lleva a la planta superior. Esta es la escalera del pánico. Es que con las alturas aparentemente mal protegidas no puedo, me da vértigo, y una escalera alta, estrecha y sin apenas barandilla...
Con los ojos cerrados como Daredevil, y pegándome a la pared como Spiderman, reuní fuerzas como Hulk para subir de un tirón estas escaleras y las siguientes por un estrecho túnel para llegar a la parte alta central, donde el vértigo casi me hace salir volando como la Antorcha Humana, que calentito iba yo ya en ese momento...
En esta planta hay dos casamatas, una a cada lado, que protegen las escaleras que llegan del piso inferior. Una puerta a cada lado para acceder al último piso cubierto de cada torre y una pequeña escalera que se divide en dos mucho más largas para ir a la azotea de cada torre, y una puerta para llegar al voladizo almenado que rodea las torres.
La última planta cubierta, solo tiene más nichos saeteros y no hay más salidas, por lo que hay que regresar a la sala anterior (la terraza central) para seguir subiendo.




































Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 




