Mi idea original era ponerlo sentado, con las piernas cruzadas, con una botella sujeta contra el pecho, para representar la plaga que fue el alcohol (introducido por los blancos) entre los indios.
Pero el caso es que no ha habido manera de ponerlo en una postura convincente, así que al final decidí ponerlo en pie, listo para la batalla.
El cañón del trabuco (el original, por supuesto, estaba tan ausente como la lanza) es un clavo incrustado en caliente en la masa de plástico.
Ahí van las fotillos:






Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 
