Hace algún tiempo que un brujo había construido un castillo en España y lo había suspendido entre la Tierra y el Cielo. La princesa Isabel, única hija del rey, fue una de las primeras que salieron a caballo para admirar aquella obra encantada. Pero mientras estaba contemplándolo, bajó volando el brujo y se la llevó a su castillo.
Cuando el rey supo lo que ocurría, mandó a sus soldados que construyesen una gran escalera de mano y atacasen el castillo.
Pero los soldados no podían hacer una escalera suficientemente larga para llegar al castillo, y uno tras otro fueron dejando la tarea y regresaron a sus casas. Al fin, un tal Diego, mocito labrador, era el único que quedaba. Diego pasaba el tiempo ejercitándose en el manejo del arco. Un día presentóse un caballero, y hallóle atando centenares de metros de bramante a sus saetas. Diego disparó sus saetas contra la puerta de encina del castillo, y luego, torciendo los bramantes hasta formar cuerda, trepó por ella llevando el arco en bandolera y entre los dientes la saeta más afilada que tenía . Salió el brujo para enterarse de lo que ocurría, y Diego fijó en el arco su última saeta, la más afilada de todas, apuntó cuidadosamente al brujo y lo mató. Entonces penetró en el castillo y halló en él a la princesa Isabel. Condújola a la puerta, pasóle la cuerda por debajo de los brazos y la bajó suavemente, hasta que llegó a los brazos del caballero. Huyeron con la princesa y asi la salvaron del maléfico brujo.











Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 











