Situadas en la desembocadura del río Ulla fueron erigidas en el s. IX, parece que sobre restos de una fortaleza romana, como defensa contra los ataques vikingos. En el 1024 fueron donadas a la iglesia de Compostela sufriendo desde entonces sucesivas reformas y demostrando repetidamente su eficacia al impedir en varias ocasiones los desembarcos de los musulmanes. Incluso en el s. XVIII combatieron a los ingleses consiguiendo ahuyentarlos.
Hoy solo quedan restos de dos torres y una pequeña ermita románica, aunque en origen hubo siete distribuidas en ambas orillas y entre las cuales se disponían cadenas que impedían el paso de flotas enemigas. Dado su valor histórico y simbólico fueron restauradas en 1946.
Los primeros domingos de agosto de cada año los habitantes de la comarca rememoran las invasiones vikingas atacando de nuevo a las torres.
Historia: No cabe la menor duda de que Catoira debió tener una enorme importancia en el pasado, hasta el punto de que aquí, se acuñó moneda en la época visigoda. Así lo acredita Heise en su trabajo, « Description generale des monnaies des rois wisigoths d´Espagne».(Descripción General de las monedas de los reyes visigodos .
Catoira jugó un notable papel en la historia, como fue la defensa de la ciudad de Compostela (S. IX-XII), cuándo las incursiones de los vikingos -no tan fieros-, a las que siguieron las muy temibles de los normandos y sarracenos, que pululaban por las costas de Galicia, penetrando por la Ria de Arousa e intentando continuar por el Ulla, a fin de aproximarse a Compostela, atraídos -sin duda alguna- por la gran fama que ya por entonces había alcanzado la ciudad del Apóstol.
Así las cosas, el Rey Alfonso V (El Noble), mandó construir una ciudad o ciudadela en la Isla de Oneste (hoy pequeña península en la que tienen asiento las legendarias Torres de Oeste). Del nombre de esta isla derivó el de Honesto, nombre con el que se conocía al castillo y, más tarde, el de Oeste.
Son dignas de mención las invasiones de los años 858, 968 y 1016. En la de 968 -la más sangrienta-, una numerosa escuadra normanda compuesta por más de cien naves, penetró por la Ría y se acercó a los juncales que hoy existen en Cabreira (entonces puerto de Cabreriza), donde desembarcaron los invasores, y se pusieron en marcha hacia Iria, arrasando e incendiando todo a su paso y capturando a los lugareños.De esa fecha es la célebre batalla de Fornelos, a orillas del río Louro, en la que cae el obispo Sisnando atravesado por una saeta.Naturalmente, puesto que las costas gallegas estaban mal custodiadas, los normandos repetían sus ataques casi todos los años; es entonces cuando el monarca (Alfonso V) dona a la Iglesia de Santiago la Isla de Oneste (1024) para que se construya una fortaleza a fin de impedir estas incursiones.Algunos años más tarde, siendo Don Cresconio obispo de Iria, emprendió la reconstrucción de la fortaleza, dando a los muros más sólida y firme estructura, levantó altas torres y, construyó una capilla dedicada al apóstol Santiago. Asimismo, mandó tender una gruesa cadena entre las dos orillas del río, para impedir el paso de las naves. En 1071, el obispo compostelano Don Diego Peláez - a quien se debe el comienzo de la actual Catedral de Santiago -, edificó en el Castillo Honesto un gran palacio y levantó nuevas fortificaciones, destinadas a rechazar no ya a los normandos, sino más bién las acometidas de los piratas sarracenos que merodeaban por nuestras costas. Oportunamente confió la custodia de la fortaleza a un caballero de su confianza -rico propietario- llamado Gelmiro o Gelmirio, padre de D. Diego Gelmírez primer arzobispo de Compostela; sería este quien más tarde construiría nuevas torres y reductos que harían la fortaleza inexpugnable.








Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 


