Torre de Urkhand
Publicado: Dom 10 Feb, 2013 11:31 pm
Torre de Urkhand.
Al este, muy al este de Mordor, en el camino viejo de Techlition, lugar hacia el que no viaja nadie desde hace mucho tiempo, se halla un ancho y despoblado país que recibe el nombre Urkhand.
Hace muchísimos años el territorio de Urkhand estaba poblado por trolls. Pero no eran éstos unos trolls como los demás. Se trataba de los "Urk-Trolls", un linaje que había desarrollado una apreciable capacidad intelectual y tecnológica. Abandonando sus costumbres selváticas, comenzaron a construir edificios, entre ellos, una enorme fortaleza de la que se conservaron los cimientos durante muchos eones. Algunos de ellos comenzaron ejercer su sentido crítico y llegaron a poner en duda el liderazgo de Sauron. Esto no fue del agrado del Señor Oscuro, pues unos seres tan grandes y fuertes convertidos en inteligentes y desafectos podían poner en peligro sus proyectos. Así que tomó cartas en el asunto y les lanzó una maldición de fuego y podredumbre tan poderosa que acabó con todos ellos, antes de que su desobediencia llegara más lejos.
Después de la extinción de los urk-trolls el país fue poblándose de toda suerte de seres ambiguos y dudosos que vagaban y pululaban sin cesar sembrando el desconcierto y el horror entre los escasos viajeros que osaban aventurarse por aquellas desoladas tierras.
Así estaban las cosas muchos años después, cuando estalló la guerra por el trono de Gohr entre Drungohr de Gohr y su hermano Terdron. Drungohr, poseedor de uno de los nueve anillos de los hombres, por habérselo comprado a precio de saldo a Sauron disfrazado de buhonero, pronto derrotó a su hermano y lo hizo prisionero. Con el ardor de la victoria en el corazón y la escarcha del odio en sus entrañas, mandó trinchar a Terdron y sacarle las asaduras, para servirlo, aderezado con jengibre, cúrcuma y pimienta de Sichuan, en el banquete de celebración de la victoria.
Una vez afirmado su poder sobre el olvidado rincón de Gohr, su ambición se enfocó hacia las breñas de Urkhand e invadió el país. Los seres ambiguos no pudieron ofrecer una gran resistencia y huyeron desvaneciéndose, salvo unos pocos que se rindieron y entraron a su servicio.
Henchido de orgullo y de soberbia, se autoproclamó rey de Urkhand.
Una noche tormentosa, mientras contemplaba el resplandor de los relámpagos, le vino a la cabeza una idea: "Un rey de verdad debe poseer una fortaleza desde la que domine todas sus posesiones". Dándole vueltas y más vueltas a esta idea, decidió comenzar la construcción sobre lo que quedaba de las ruinas dejadas por los urk-trolls. A poco de comenzar las obras, otra noche tuvo un sueño en el que viajaba a un lejano mundo llamado Tierra, a la ciudad de Siena. En su mente apareció la catedral de dicha ciudad, construida con bandas alternas de piedra clara y oscura. Decidió que su torre tendría esos colores y sería tan alta como la de Saruman. A una gran altura colocaría cuatro podios en los que la diosa de las serpientes, dos dragones y un chimpancé vigilante guardarían su morada. No encontró dragones que se prestaran a posar y en su lugar colocó kilikis, que infundían el mismo pavor. Y en la coronación, un amplificador telepático a modo de estructura antenoide le permitiría comunicarse con el Señor Oscuro o con el mismísimo Morgoth.
Como las obras no avanzaban a la velocidad deseada, invadió el vecino país de Latvinian, donde hizo muchos prisioneros a los que llevó a Urkhand como esclavos para construir la torre.
Finalmente la torre quedó terminada a los veinticinco años del comienzo de la obras. Acondicionadas las estancias para fijar allí su residencia, celebró un copioso festín inaugural en el que corrió el vino y el aguardiente como no habían corrido nunca por aquellos lares. Drungohr agarró una borrachera tan fenomenal que lo tuvo tres días inconsciente y dos más con resaca. Cuando por fin pudo razonar, se dio cuenta de que ya no tenía el anillo. Su indignación sin límites lo llevó a mandar aprisionar, interrogar y torturar hasta la muerte a todos los criados que sirvieron en el banquete. Después, a todos los invitados. Luego a todo el personal que servía o rodeaba la torre. Y siguió, siguió y siguió, hasta que una parte de la población quedó exterminada, otra parte huyó y el resto dejó de obedecerle. Pero no encontró el anillo. Entonces entró en un profundo estado de depresión y se negó a comer hasta el final. Cuando su cuerpo inerte comenzó a descomponerse, un hedor insoportable para todo ser vivo se fue extendiendo por todo el territorio de Urkhand y fue poniendo en fuga a todo ente capaz de moverse. Y Urkhand quedó despoblado, quedando sólo la torre como testimonio de esta historia. Solo que nadie la ha visto, ya que el mortal hedor todavía persiste, y nadie que haya penetrado en el desgraciado país ha vuelto para contarlo.
Pero nosotros la veremos en el siguiente post.
Al este, muy al este de Mordor, en el camino viejo de Techlition, lugar hacia el que no viaja nadie desde hace mucho tiempo, se halla un ancho y despoblado país que recibe el nombre Urkhand.
Hace muchísimos años el territorio de Urkhand estaba poblado por trolls. Pero no eran éstos unos trolls como los demás. Se trataba de los "Urk-Trolls", un linaje que había desarrollado una apreciable capacidad intelectual y tecnológica. Abandonando sus costumbres selváticas, comenzaron a construir edificios, entre ellos, una enorme fortaleza de la que se conservaron los cimientos durante muchos eones. Algunos de ellos comenzaron ejercer su sentido crítico y llegaron a poner en duda el liderazgo de Sauron. Esto no fue del agrado del Señor Oscuro, pues unos seres tan grandes y fuertes convertidos en inteligentes y desafectos podían poner en peligro sus proyectos. Así que tomó cartas en el asunto y les lanzó una maldición de fuego y podredumbre tan poderosa que acabó con todos ellos, antes de que su desobediencia llegara más lejos.
Después de la extinción de los urk-trolls el país fue poblándose de toda suerte de seres ambiguos y dudosos que vagaban y pululaban sin cesar sembrando el desconcierto y el horror entre los escasos viajeros que osaban aventurarse por aquellas desoladas tierras.
Así estaban las cosas muchos años después, cuando estalló la guerra por el trono de Gohr entre Drungohr de Gohr y su hermano Terdron. Drungohr, poseedor de uno de los nueve anillos de los hombres, por habérselo comprado a precio de saldo a Sauron disfrazado de buhonero, pronto derrotó a su hermano y lo hizo prisionero. Con el ardor de la victoria en el corazón y la escarcha del odio en sus entrañas, mandó trinchar a Terdron y sacarle las asaduras, para servirlo, aderezado con jengibre, cúrcuma y pimienta de Sichuan, en el banquete de celebración de la victoria.
Una vez afirmado su poder sobre el olvidado rincón de Gohr, su ambición se enfocó hacia las breñas de Urkhand e invadió el país. Los seres ambiguos no pudieron ofrecer una gran resistencia y huyeron desvaneciéndose, salvo unos pocos que se rindieron y entraron a su servicio.
Henchido de orgullo y de soberbia, se autoproclamó rey de Urkhand.
Una noche tormentosa, mientras contemplaba el resplandor de los relámpagos, le vino a la cabeza una idea: "Un rey de verdad debe poseer una fortaleza desde la que domine todas sus posesiones". Dándole vueltas y más vueltas a esta idea, decidió comenzar la construcción sobre lo que quedaba de las ruinas dejadas por los urk-trolls. A poco de comenzar las obras, otra noche tuvo un sueño en el que viajaba a un lejano mundo llamado Tierra, a la ciudad de Siena. En su mente apareció la catedral de dicha ciudad, construida con bandas alternas de piedra clara y oscura. Decidió que su torre tendría esos colores y sería tan alta como la de Saruman. A una gran altura colocaría cuatro podios en los que la diosa de las serpientes, dos dragones y un chimpancé vigilante guardarían su morada. No encontró dragones que se prestaran a posar y en su lugar colocó kilikis, que infundían el mismo pavor. Y en la coronación, un amplificador telepático a modo de estructura antenoide le permitiría comunicarse con el Señor Oscuro o con el mismísimo Morgoth.
Como las obras no avanzaban a la velocidad deseada, invadió el vecino país de Latvinian, donde hizo muchos prisioneros a los que llevó a Urkhand como esclavos para construir la torre.
Finalmente la torre quedó terminada a los veinticinco años del comienzo de la obras. Acondicionadas las estancias para fijar allí su residencia, celebró un copioso festín inaugural en el que corrió el vino y el aguardiente como no habían corrido nunca por aquellos lares. Drungohr agarró una borrachera tan fenomenal que lo tuvo tres días inconsciente y dos más con resaca. Cuando por fin pudo razonar, se dio cuenta de que ya no tenía el anillo. Su indignación sin límites lo llevó a mandar aprisionar, interrogar y torturar hasta la muerte a todos los criados que sirvieron en el banquete. Después, a todos los invitados. Luego a todo el personal que servía o rodeaba la torre. Y siguió, siguió y siguió, hasta que una parte de la población quedó exterminada, otra parte huyó y el resto dejó de obedecerle. Pero no encontró el anillo. Entonces entró en un profundo estado de depresión y se negó a comer hasta el final. Cuando su cuerpo inerte comenzó a descomponerse, un hedor insoportable para todo ser vivo se fue extendiendo por todo el territorio de Urkhand y fue poniendo en fuga a todo ente capaz de moverse. Y Urkhand quedó despoblado, quedando sólo la torre como testimonio de esta historia. Solo que nadie la ha visto, ya que el mortal hedor todavía persiste, y nadie que haya penetrado en el desgraciado país ha vuelto para contarlo.
Pero nosotros la veremos en el siguiente post.













